Alicia pepsi en el París de las maravillas.
Un regalo de cumpleaños. Un cuento.
Es largo
Alicia pepsi descansaba sobre el tocón de un árbol, cuando vio pasar a un gato blanco con una lata de pepsi en la mano que era a la vez un reloj.
-¡Qué tarde, hoy no llegó a fichar, el jefe me va a echar los perros! - le oyó decir-
Y Ali pepsi, curiosona ella, le siguió, y le vio meterse por la boca del metro donde ella se introdujo en su persecución. Allá, un morito le ofreció el último CD de Bisbi y un conejo mecánico por dos euros, y como se entretuvo en comprarlo, perdió al gato entre la multitud de personas que pululaban por los andenes.
-¿Dónde se habrá metido? -pensó- Tengo que encontrarle, estoy segura que lo volveré a ver, ¡Es un gatito tan lindo¡, ¿como se llamará? , se ha esfumado como el humo, ya sé, le llamaré Mr. Smoke.
Y andaba Ali pepsi tan concentrada como el starlux el día de los inocentes, cuando se lo puso de aperitivo a su papaito entre los trozos de turrón y mazapanes y papi como era tan goloso picó, siempre picaba, y se comió la pastilla avecrén y tuvo después que beberse medio depósito de agua, es que Ali pepsi era mala malísima maligna, así que esta vez, la concentración en la búsqueda del gato le jugó una mala pasada, pues tropezó y cayó por el hueco de un ascensor en vías de construcción y cayó cayó cayó cayó y en la caída creyó ver a Mr. Smoke y a otros gatitos sentados en huecos en el muro tomando el sol en Italia, preciosos, lindos gatitos, pero ella caía caía caía y ...! Zas ¡, llegó al suelo, cayendo de pie y golpeándose un tobillo.
¡Que dolor!.
Había una habitación con una puerta, por donde vio pasar a Mr. Smoke e intentó seguirle, pero la puerta se cerró detrás de él. Diose la vuelta y vio una mesa, en la mesa varias botella de colores con varias inscripciones y una llave, de la puerta. Las leyó. Y bebió de la primera, pues era de fresa y empezó a crecer a crecer a crecer. Joer, olvidó coger la llave, de todas formas, era ahora tan grande que no podía caber por la puerta.
Jo, ¡Qué putada!, ¿Cómo saldría de allí ahora si no cabría por la puerta?, y se sintió tan mal que empezó a llorar, a llorar, y al ser tan grande, las lágrimas igual y la sala se empezó a inundar de lágrimas de agua, un charco inmenso, y a su lado pasaban flotando soldaditos de plomo, bailarinas, golondrinas, estatuas de oro de príncipes felices, cascanueces, latas de pepsi max, donuts de neón, toda clase de cosas, vamos. Y recordó que en su bolsillo había metido la otra botellita y se la tomó, era la competencia, una lata de coca cola y entonces empezó a menguar, a decrecer de tamaño, y se fue haciendo pequeña, pequeña, pequeña, tanto que ahora era ella la que estaba en peligro en aquel rio de lágrimas que había creado.
¡Se iba a ahogar en sus propias lágrimas! .
No, si lo que no le pase a esta niña, no le pasa a nadie. Era tan tan chiquitina que ABBA le regaló su canción.
Chiquitita dime por qué
Tu dolor hoy me encadena
En tus ojos hay
Una sombra de gran pena
No quisiera verte así
Aunque quieras disimularlo
Si es que tan triste estás
Para qué quieres callarlo
Chiquitita sabes muy bien
Que las penas vienes y van y desaparecen
Otra vez vas a bailar y serás feliz
Como flores que florecen
Chiquitita no hay que llorar
Las estrellas brillan por ti allá en lo alto
Quiero verte sonreír para compartir
Tu alegría chiquitita
Otra vez quiero compartir
Tu alegría chiquitita
Chiquitita dímelo tú
En mi hombro, aquí llorando
Cuenta conmigo ya
Para así seguir avanzando
Tan segura te conocí
Y ahora tu ala quebrada
Déjamela arreglar
Yo la quiero ver curada
Chiquitita sabes muy bien
Que las penas vienen y van y desaparecen
Otra vez vas a bailar y serás feliz
Como flores que florecen
Chiquitita no hay que llorar
Las estrellas brillan por ti allá en lo alto
Quiero verte sonreír para compartir
Tu alegría chiquitita
Y fue arrastrada hasta la puerta,y allá el río se convirtió en cascada al filtrarse por el ojo de la cerradura y Alicia pepsi allí se vio llevada, cayó por aquella infinita pendiente, más alta que el salto del Angel, que las cataratas del Niágara y ... fue a caer sobre el lomo de Mr. Smoke que volvía a pasar por allí, suavemente sobre su blandito pelo, pero don gato se sacudió el agua con un meneo que a Alicia pepsi le pareció huracán y cayó al suelo sobre su pierna lastimada, Ay, ay, se le empezó a hinchar y precisamente ahora que quería lucir sus piernas poniéndose falda, ella que siempre llevaba pantalones,
¡Qué desastre!.
Y estaba toda ella mojada, y al mirar a su lado vio al soldadito de plomo, a la bailarina, al cascanueces, a la golondrina, y a una gárgola, todos mojados discutiendo como secarse y un Dodo tuvo una idea, harían una circunferencia y correrían a su alrededor, cuando se cansaran pararían, y así lo hicieron, pero vaya espectáculo más divertido, Ali con la pierna morada y dolorida, el soldado y la bailarina con una sola pierna, la golondrina volando, en fin, aquello daba risa, ¡ pero que diablos ¡, se secaron, y el problema fue decidir el ganador así pues el premio quedó desierto.
En esto que apareció Mr. Smoke y le gritó a Alicia.
-Rápido, rápido, ve a casa y trae mis guantes y sombrero.
Pero pepsi lo que quería era un motel de cuatro o cinco habitaciones, no una casa de un gato, pero este parecía tan ansioso que decidió complacerle y allá que fue, entró en la casa de Mr. Smoke, y allá encontró unos pastelitos deliciosos, que decían cómeme, ¡ y eso que no los había hecho ella ¡ que si los hubiera hecho ya no quedaría ninguno , se metió unos cuantos en los bolsillos y comió uno, entonces ...
Creció, creció y creció y se me atascó en la casa, se atoró, peor que una sardina en una lata, ¿Como podrán meterse las sardinas así en las latas?.
Como tardaba en regresar, Mr. Smoke volvió a casa justo cuando Alicia pepsi sacaba un brazo por una ventana, el gato se dio tal susto que cayó sobre los cristales del invernadero y se arañó el rabito, ¡Pobre gatito!, ahorita estaba sabiendo lo que se siente al ser arañado, para que él no volviese a hacerlo (bueno, esto es mentira, que Mr. Smoke no araña, pero sirve para otros gatos y gatas inclusive de dos patas que si lo hacen).
Alicia pepsi, no veía nada desde dentro, sólo oyó ruidos de cristales y voces afuera que hablaban de una trama criminal para deshacerse de ella.
-No - dijo- no lo hagáis, que a pesar del stalux soy muy buena, que le preparé la cena de Navidad a un compi que tenía invitados ya que su mujer no sabía cocinar. No me hagáis daño.
Pero ni caso. Eso no debió impresionarles, ellos seguían urdiendo su descalabro. Y entonces Alicia pensó en sus galletas y se comió una, empezó a decrecer, a menguar y cuando ya podía salir por la puerta, lo hizo y se encontró a multitud de bichos que la gritaban y corrió corrió huyendo de allí. Escapó., pero ...
¡Que susto había pasado!. Su motel lo elegiría de techos altos, sin dudarlo.
Se encontró con un perro, monísimo, pero tan grande como un dinosaurio de Parque Jurásico, y allí no estaba Malcom X para salvarla, ella, que era su película favorita, que la había visto cienes de veces, ahora, wow, estaba anonadada, así que cogió un palo, lo lanzó y el perro se alejó jugando. Uf, se juró que no volvería a ver más veces Jurasic Park.
Y siguió andando y llegó a una seta en la cual había una oruga, con la que platicó un poco, no de plásticos, pues la oruga no usaba tarjeta Visa, pero si de cosas de la vida y al cabo le dijo que si mordía de un lado de la seta crecería, pero si lo hacía del otro menguaría. Ali pepsi, no estaba contenta con sus 7 cm, así que comió de un lado y pasó a 5 cm, así que comió del otro para crecer. Se despidió de la oruga y al salir del bosque vio la casa de la Duquesa tipiti tipitesa, Teresa la Marquesa, tipití tipitona, y entró dentro y la Duquesa de Alba tenía un niño en brazos al que trataba con desprecio lanzándolo al aire, para ver si de esa forma no salía tan feo como la madre y un gato que sonreía, el gato de Cheshire, horrorizada por el maltrato infantil, cogió al niño y escapó con él, pero ... , sorpresa, sorpresa, ¡Sorpresa te da la vida, la vida te da sorpresas! , se convirtió en cerdito, que salió huyendo entre lo intrincado del bosque y allí, el gato de Cheshire, desde un árbol le sonreía.
(Lo que sigue es transcripción literal del cuento pues la conversación con el gatito no tiene desperdicio ninguno.
Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
--Esto depende del sitio al que quieras llegar --dijo el Gato.
--No me importa mucho el sitio... --dijo Alicia.
--Entonces tampoco importa el camino que tomes --dijo el Gato.
--... siempre que llegue a alguna parte --añadió Alicia como explicación.
--¡Oh, siempre llegarás a alguna parte --aseguró el Gato--, si caminas lo suficiente!
A Alicia le pareció que esto no tenía vuelta de hoja, y decidió hacer otra pregunta:
¿Qué clase de gente vive por aquí?
--En esta dirección --dijo el Gato, haciendo un gesto con la pata derecha-- vive un Sombrerero. Y en esta dirección --e hizo un gesto con la otra pata-- vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.
--Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca --protestó Alicia.
--Oh, eso no lo puedes evitar --repuso el Gato--. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
--¿Cómo sabes que yo estoy loca? --preguntó Alicia.
--Tienes que estarlo afirmó el Gato--, o no habrías venido aquí.
Alicia pensó que esto no demostraba nada. Sin embargo, continuó con sus preguntas:
--¿Y cómo sabes que tú estás loco?
--Para empezar -repuso el Gato--, los perros no están locos. ¿De acuerdo?
--Supongo que sí --concedió Alicia.
--Muy bien. Pues en tal caso --siguió su razonamiento el Gato--, ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento, y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco.
--A eso yo le llamo ronronear, no gruñir --dijo Alicia.
--Llámalo como quieras --dijo el Gato--. ¿Vas a jugar hoy al croquet con la Reina?
--Me gustaría mucho --dijo Alicia--, pero por ahora no me han invitado.
--Allí nos volveremos a ver --aseguró el Gato, y se desvaneció.
A Alicia esto no la sorprendió demasiado, tan acostumbrada estaba ya a que sucedieran cosas raras. Estaba todavía mirando hacia el lugar donde el Gato había estado, cuando éste reapareció de golpe.
--A propósito, ¿qué ha pasado con el bebé? --preguntó--. Me olvidaba de preguntarlo.
--Se convirtió en un cerdito --contestó Alicia sin inmutarse, como si el Gato hubiera vuelto de la forma más natural del mundo.
--Ya sabía que acabaría así --dijo el Gato, y desapareció de nuevo.
Alicia esperó un ratito, con la idea de que quizás aparecería una vez más, pero no fue así, y, pasados uno o dos minutos, la niña se puso en marcha hacia la dirección en que le había dicho que vivía la Liebre de Marzo.
miró hacia arriba, y allí estaba el Gato una vez más, sentado en la rama de un árbol.
--¿Dijiste cerdito o cardito? --preguntó el Gato.
--Dije cerdito --contestó Alicia--. ¡Y a ver si dejas de andar apareciendo y desapareciendo tan de golpe! ¡Me da mareo!
--De acuerdo --dijo el Gato.
Y esta vez desapareció despacito, con mucha suavidad, empezando por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, que permaneció un rato allí, cuando el resto del Gato ya había desaparecido.
--¡Vaya! --se dijo Alicia--. He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!
No tardó mucho en llegar a la casa de la Liebre de Marzo.
Allá estaban sentados alrededor de una mesa el sombrerero loco, la Liebre de Marzo y se apoyaban sobre un Lirón que parecía dormitar. Tomaban té. Alicia pepsi les acompañó a la mesa.
-No hay sitio- dijeron.
-Pero si hay un montón, la mesa es muy grande -protestó Ali pepsi-
-Toma un poco de pepsicola regado con vino- le invitaron-
- Pero si no hay rastro de pepsi, bueno, si, yo estoy aquí, pero tampoco veo vino, es una descortesía ofrecer algo que no se tiene.
-También es descortesía sentarse sin haber sido invitada.
-No sabía que la mesa era suya --dijo Alicia--. Está puesta para muchas más de tres personas.
-¿En qué se parece un cuervo a un escritorio? -preguntó el Sombrerero
- Ey, me gustan las adivinanzas.
-Entonces debes decir lo que piensas --siguió la Liebre de Marzo.
-Ya lo hago --se apresuró a replicar Alicia-. O al menos... al menos pienso lo que digo... Viene a ser lo mismo, ¿no?
-¿Lo mismo? ¡De ninguna manera! --dijo el Sombrerero-. ¡En tal caso, sería lo mismo decir «veo lo que como» que «como lo que veo»!
-¡Y sería lo mismo decir --añadió la Liebre de Marzo- «me gusta lo que tengo» que «tengo lo que me gusta»!
-¿Has encontrado la solución a la adivinanza? --preguntó el Sombrerero, dirigiéndose de nuevo a Alicia.
-No. Me doy por vencida. ¿Cuál es la solución?
-No tengo la menor idea -dijeron los dos
Alicia suspiró fastidiada.
-Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo --dijo-- que ir proponiendo adivinanzas sin solución.
-Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo --dijo el Sombrerero--, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!
-No sé de que diantres habla.
--¡Claro que no lo sabes! ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!
--Creo que no --respondió Alicia con cautela--. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.
--¡Ah, eso lo explica todo! --dijo el Sombrerero--. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj. ¡La una y media! ¡Hora de comer!
--Sería estupendo, desde luego --admitió Alicia, pensativa--. Pero entonces todavía no tendría hambre, ¿no le parece?
--Quizá no tuvieras hambre al principio --dijo el Sombrerero--. Pero es que podrías hacer que siguiera siendo la una y media todo el rato que tú quisieras.
--¿Es esto lo que ustedes hacen con el Tiempo? --preguntó Alicia.
El Sombrerero movió la cabeza con pesar.
--¡Yo no! --contestó--. Nos peleamos el pasado marzo.
--¿Ah, si?-- preguntó Alicia interesada.
--Si. Sucedió durante el gran concierto que ofreció la Reina de Corazones, y en el que me tocó cantar a mí.
--¿Y que cantaste?-- preguntó Alicia.
--Bueno --siguió contando su historia el Sombrerero--. Lo cierto es que apenas había terminado yo la primera estrofa, cuando la Reina se puso a gritar:
«¡Vaya forma estúpida de matar el tiempo! ¡Que le corten la cabeza!»
--¡Qué barbaridad! ¡Vaya fiera! --exclamó Alicia.
--Y desde entonces --añadió el Sombrerero con una voz tristísima--, el Tiempo cree que quise matarlo y no quiere hacer nada por mí. Ahora son siempre las seis de la tarde.
Alicia comprendió de repente todo lo que allí ocurría.
--¿Es ésta la razón de que haya tantos servicios de té encima de la mesa? --preguntó.
--Sí, ésta es la razón --dijo el Sombrerero con un suspiro--. Siempre es la hora del té, y no tenemos tiempo de lavar la vajilla entre té y té.
--¿Y lo que hacen es ir dando la vuelta? a la mesa, verdad? --preguntó Alicia.
-Pues si, ha de ser eso.
Y propusieron contar un cuento, le tocó al Lirón el hacerlo ...
--Había una vez tres hermanitas que vivían en el fondo de un pozo y se alimentaban de melaza...
--No pueden haberse alimentado de melaza, sabe --observó Alicia con amabilidad--. Se habrían puesto enfermísimas.
--Y así fue --dijo el Lirón--. Se pusieron de lo más enfermísimas.
--Toma un poco más de té --ofreció solícita la Liebre de Marzo.
--Hasta ahora no he tomado nada --protestó Alicia en tono ofendido--, de modo que no puedo tomar más.
--Quieres decir que no puedes tomar menos --puntualizó el Sombrerero--. Es mucho más fácil tomar más que nada.
--Nadie le pedía su opinión --dijo Alicia.
--¿Quién está haciendo ahora observaciones personales? --preguntó el Sombrerero en tono triunfal.
Alicia no supo qué contestar a esto. Así pues, optó por servirse un poco de té y pan con mantequilla. Y después, se volvió hacia el Lirón y le repitió la misma pregunta: --¿Por qué vivían en el fondo de un pozo?
--Era un pozo de melaza.
--¡No existe tal cosa!
--¡Claro que existe uno! -exclamó el Lirón indignado.
--Quiero una taza limpia --les interrumpió el Sombrerero--. Corrámonos todos un sitio.
Se cambió de silla mientras hablaba, y el Lirón le siguió: la Liebre de Marzo pasó a ocupar el sitio del Lirón, y Alicia ocupó a regañadientes el asiento de la Liebre de Marzo. El Sombrerero era el único que salía ganando con el cambio, y Alicia estaba bastante peor que antes, porque la Liebre de Marzo acababa de derramar la leche dentro de su plato.
--Uno puede sacar agua de un pozo de agua --dijo el Sombrerero--, ¿por qué no va a poder sacar melaza de un pozo de melaza? ¡No seas estúpida!
Esta última grosería era más de lo que Alicia podía soportar: se levantó muy disgustada y se alejó de allí. El Lirón cayó dormido en el acto, y ninguno de los otros dio la menor muestra de haber advertido su marcha, aunque Alicia miró una o dos veces hacia atrás, casi esperando que la llamaran. La última vez que los vio estaban intentando meter al Lirón dentro de la tetera.
--¡Por nada del mundo volveré a poner los pies en ese lugar! --se dijo Alicia, mientras se adentraba en el bosque--. ¡Es la merienda más estúpida a la que he asistido en toda mi vida!
Descubrió que uno de los árboles tenía una puerta en el tronco y entró dentro.
Entonces se puso a mordisquear cuidadosamente la seta (se había guardado un pedazo en el bolsillo), hasta que midió poco más de un palmo Y entonces... entonces estuvo por fin en el maravilloso jardín, entre las flores multicolores y las frescas fuentes.
Hasta acá es literal, pero resumido. Sigamos contando.
Ali pepsi se topó con dos jardineros carta pintando unas rosas -que no eran de color rosa, sino blancas, -de color rojo, ¡Que cosa tan extraña¡, ¿quien querría pintar una flor?. Y en esto que apareció una comitiva de cartas de baraja, aplanadas, de las que sobresalían los brazos y las piernas y los jardineros se tumbaron de bruces contra el suelo.
-La Reina-dijeron- todo el mundo al suelo. Aquí Tejero, piun, piun, piun, y varios disparos sonaron sobre el Congreso, ahora me voy a intentar echar la zancadilla a ese de la primera fila, joer con el tio, está fuerte, ni agarrándole del cuello le tiro al suelo, bueno, venga, va, Alicia pepsi pensó que ella no tenía que obedecer, el suelo estaba sucio, y se mancharía su preciosa falda, ¡Qué le importaba ya a ella su pierna moratada si eran carta y no Bon Jovi¡, y de que servía un desfile si nadie lo veía y se extasiaba de admiración y aplausos a su paso, así pues la comitiva se acercó, cartas de oros, de copas, de bastos, uy, no, que eran inglesas, de tréboles, picas, rombos y corazones, desfilando y al fondo la Reina y el Rey y los invitados, sobre carrozas, wow, la Reina sobre un cojín de terciopelo carmesí, y vió a la niña pepsi y preguntó a su Valet (que era digamos el jefe del protocolo, porque de valet no tenía ni la menor idea, jo, sería diver verle bailar valet, una carta)
-¿Quién es está?
Y el Valet inclinó la cabeza sumiso
- Imbécil.
-¿Quien eres tú y quien son esos que están tumbados? y ... ¡Coño¡, esa rosa es medio blanca y medio roja, ¡Sacrilegio¡, ¡Que le corten la cabeza¡ ¡Que le corten la cabeza! .
Y varios soldados carta se dirigieron a los jardineros, pero la buena de Alicia pepsi los escondió en una maceta y no los encontraron, y ... ey, Mr. Smoke estaba allí, con la comitiva, pepsi se puso de contenta, le cogió en brazos, le acarició, le besó el hocico, ¡Cuanto había echado de menos a su gato lindo¡. Y caminaron juntos hasta llegar al campo de criket donde la Reina había organizado un partido. Los mazos eran cigüeñas, las bolas eran erizos y los arcos eran soldados cartas que se doblaban, jo, era la repera el juego, todos vivos, como un belén viviente. A Alicia pepsi le costó un porrón manejar su cigüeña, pues continuamente le decía que tenía que ir a parís a buscar un niño para entregarlo a una embarazada, así que le ató el pico con una cuerda, más que para que no hablara tanto, ¡Es que rajaba aquella cigüeña más que una verdulera¡, con tanto niño, y los erizos se movían y los arcos igual y los jugadores discutían, de locos de atar, amos, que ni Jugador_S se hubiese atrevido a participar en el juego, con lo estrambótico que era, solo la Reina, al grito de ¡Que le corten la cabeza¡ ¡Qué le corten la cabeza!, era la única para la que todos toditos todos se estaban quietos, ¡Trampa¡ ¡Trampa¡ ¡Tahura de carta¡ ¡Siempre ganaba¡. La cigüeña, cuando Ali pepsi iba a golpear, levantaba la cabeza doblando el cuello y la miraba y veía en sus ojos la Torre Infiel de París y pepsi se echaba a reir, y cuando conseguía tenerla tiesa (eh, que es cigüeña, no cigueño, si hubiese sido cigueño podíais haber pensado en guarradas, só mal pensados, pero era cigüeña, y lo que tenía que tener tiesa era el largo cuello, no lo otro, pues no tenía al ser hembra) el erizo se había desenrollado y habíase largado con viento fresco a otro lado.
Alicia pepsi vio entonces la sonrisa del gato de Cheshire.
-Eh, que alegrón, gatito, me encanta verte, ¡ay¡, te quiero tanto como a Mr.Smoke, bueno, un poquitito menos, pero muy poco, ¿como estás? - pero Ali pepsi pensó que sin orejas, sólo con su sonrisa sería incapaz de oírla, hasta que no aparecieran sus orejas y esperó a que toda la cabeza se dibujase en el aire- sabes, este juego es ridículo, no es justo, los aros se mueven, no hay reglas, los erizos se van, mi cigüeña quiere niños y me ha hecho chantaje, obligándome a traerle una sabana y pañales para el transporte de los bebes desde parís, o sino me dobla el cuello y me hace reír. No puedes imaginar que lío que las cosas estén vivas. Y hacen trampa, siempre apuestan por la Reina y no me gusta nada, es tan exagerada ...
En esto que se acerca la Reina y pepsi la ve con el rabillo del ojo (que pepsi no tiene rabillo, eh, que le pasa como a la cigüeña, ni rabo, ni cola, ni rabillo, ni colita, pero si tiene ojo y dos) y cambia lo que estaba diciendo por ... es tan exageradamente dada a ganar, que todo lo hace tan bien, tan bien, que es la mejor . ¡Que pelota esta pepsi¡ , no, mejor es decir ¡Que erizo esta pepsi!, y total, porque no le fuesen a cortar la cabeza. ¡Cobardica¡.
-¿Con quien hablas? -Preguntó el Rey acercándose a ella-
-Es con un amigo mío, un gatito lindo.
- Pues bésame la mano, gato pato rato rata pata saca saco paca, y no me gusta como me miras.
-Pues va a ser que no.
-Reina, reina, cariño, el gato pato bobo tonto no me ajunta, no me da besitos, es un mal bicho, ¿Qué le hacemos?
-¡Que se la corten¡ ¡Qué se la corten¡ ¡Que este si es gato y por tanto macho, que no es cigüeña ni es hembra cual Alicia pepsi¡, asin que si tiene, que si, ¡Que se la corten¡ ¡Qué primero le capen y luego que se la corten¡ ¡Que le corten la cabeza¡
-Vale pessiosa reina mía, voy por el del hacha, ahorita vuelvo.-
Y Alicia pepsi siguió su juego, su cigüeña estaba intentando emprender el vuelo rumbo a parís, la agarró y quiso seguir jugando, pero los aros carta soldados se habían ido al otro lado del campo y su erizo esta peleando con otro, así que lo dejó por imposible y volvió a hablar con el gato de Cheshiere, pero allá estaban la Reina y el Rey discutiendo como podían cortar la cabeza a alguien que solo era cabeza, y decidieron ir a hablar con su dueña, la Duquesa que tenía el hijito que se convirtió en cerdito, que estaba en la cárcel por haberle dado un sopapo a la Reina, un sopapo no era una sopa de pato. Y así, mientras fueron a buscar a la Duquesa, la sonrisa del gato de Cheshire se fue borrando y desapareció por completo.
-Que contenta estoy de verte- dijo la Duquesa al ver a pepsi, a pesar de que esta hubiera huido de su casa con su hijo-cerdo, ahora estaba muy simpática y pensó que debió ser por la pimienta que había en la cocina de la casa de la Duquesa, la que hizo que esta estuviese por aquel entonces de muy mal humor, incluso gritando al gato, y zape, ale, se lo inventó, Ali pepsi se dijo a si misma, como buena cocina que era:
-el vinagre, como es vino agriado, las hace agrias.
-la manzanilla amarga las hace amargas
-El regaliz y las golosinas las hace ser dulces. Y la tarta de chocolate, hummmmm. -la --pimienta pone a la gente de mal humor.
-la mostaza pica y la cigüeña que tienes de palo de cricket interrumpió la Duquesa- pican, moraleja, Pájaros de igual plumaje hacen buen maridaje. Sé lo que quieres parecer» o, si quieres que lo diga de un modo más simple: «Nunca imagines ser diferente de lo que a los demás pudiera parecer o hubieses parecido ser si les hubiera parecido que no fueses lo que eres».
Y entonces la Duquesa que andaba contando el cuento de Alicia pepsi en el parís de las maravillas se le ocurrió decir :
- Te regalo con gusto todas las cosas que he escrito hasta este momento.
«¡Vaya regalito!», pensó Alicia. «¡Menos mal que no existen regalos de cumpleaños de este tipo!» Pero no se atrevió a escribirlo muy resaltado.
En esto que llegó la Reina de corazones y la duquesa se quedó muda y fue haciendo mutis por el foro, escaqueandose como bien pudo, la Reina venía a buscar a pepsi para continuar el juego de criket, y así fue, pero la reina, al grito de ¡Que le corten la cabeza! Había dejado a sus invitados arrestados y al cuidado de los soldados que hacían de aros y como ya no quedaba ninguno para hacer de aro, el juego acabó y la corazones corta cabezas le propuso a Alicia si le gustaría conocer entonces a la falsa tortuga, a la cual llegaría a través de un Grifo. ¡Vale¡ ¡Si¡ y se despidió de su cigüeña y al encontrar al Grifo, este le dijo.
-Uf, la Reina, ella no le corta la cabeza a nadie, sólo son fantasías suyas. Nunca se ejecuta a nadie, es un juego, vamos, te presentaré a una tortu que se contará su cuento.
Y así llegaron hasta una vieja tortuga, triste, que sollozaba y se dignó a contar su historia:
Y antes no era una Falsa Tortuga, sino verdadera, con un maestro de escuela, el galápago, pues hacía gala de enseñar en una escuela de pago, gala-pago y teníamos de asignaturas el mate mate, que era tomar infusiones, las natus arales, en las cuales formábamos con arados surcos en la tierra, el patín y el esmero, lenguas muertas, la suciología, que consistía en ensuciarnos con barro, la psicocacafonía, acá nos ensuciábamos de , ejem, ejem, la histérica, y bueno, lo mejor eran los bailes de las langostas, eran una sílfides de veleidad tan hermosa, que yo repetía y repetía baile, ay, me agarraba a sus cinturas, las atraía hacia mi, me arrimaba to juntito, y ay, que gustito, en el mar infinito, ¡Mis langostas¡ .
Jo, dijo Ali, me aburre tanta clase, vámonos a ver el juicio del Valet. Y así fue, el Vale fue acusado de robar las tartas de la Reina, que en realidad, las hacía Alicia pepsi, en su horno, y salieron de testigos, el sombrerero, que seguía tomando te, pues el tiempo eran las seis, y la cocinera de la duquesa, que apenas aportaron nada, y el último testigo era, Pepsi, si, si, si, que a propósito, estaba creciendo, creciendo y al levantarse arrastró con el vuelo de su falda el estrado donde estaba el jurado, Mr. Smoke, maulló asustado, pero la buena de pepsi, ayudó a poner a los componentes del jurado de nuevo en su sitio, y la Reina dijo, ¡ Que le corten la cabeza! , según el articulo primero de nuestra constitución las personas que midan más de un kilómetro no pueden ser testigos de un juicio, ¡Que le corten la cabeza¡, y entonces, una carta soldado salió volando hacia ella y luego otra y otra más y empezaron a revolotear en torno suyo y fue entonces cuando Alicia pepsi despertó al sentir las hojas del árbol debajo del cual se había quedado dormida, acariciándole la cara. Vaya sueño más extraño.
Y en aquel mismo instante, vio a Mr. Smoke, maullando, haciéndose el interesante y ronroneando entre sus piernas, que lucían muy bonitas.
Y sé muy feliz hasta el próximo 2006.
Es largo
Alicia pepsi descansaba sobre el tocón de un árbol, cuando vio pasar a un gato blanco con una lata de pepsi en la mano que era a la vez un reloj.
-¡Qué tarde, hoy no llegó a fichar, el jefe me va a echar los perros! - le oyó decir-
Y Ali pepsi, curiosona ella, le siguió, y le vio meterse por la boca del metro donde ella se introdujo en su persecución. Allá, un morito le ofreció el último CD de Bisbi y un conejo mecánico por dos euros, y como se entretuvo en comprarlo, perdió al gato entre la multitud de personas que pululaban por los andenes.
-¿Dónde se habrá metido? -pensó- Tengo que encontrarle, estoy segura que lo volveré a ver, ¡Es un gatito tan lindo¡, ¿como se llamará? , se ha esfumado como el humo, ya sé, le llamaré Mr. Smoke.
Y andaba Ali pepsi tan concentrada como el starlux el día de los inocentes, cuando se lo puso de aperitivo a su papaito entre los trozos de turrón y mazapanes y papi como era tan goloso picó, siempre picaba, y se comió la pastilla avecrén y tuvo después que beberse medio depósito de agua, es que Ali pepsi era mala malísima maligna, así que esta vez, la concentración en la búsqueda del gato le jugó una mala pasada, pues tropezó y cayó por el hueco de un ascensor en vías de construcción y cayó cayó cayó cayó y en la caída creyó ver a Mr. Smoke y a otros gatitos sentados en huecos en el muro tomando el sol en Italia, preciosos, lindos gatitos, pero ella caía caía caía y ...! Zas ¡, llegó al suelo, cayendo de pie y golpeándose un tobillo.
¡Que dolor!.
Había una habitación con una puerta, por donde vio pasar a Mr. Smoke e intentó seguirle, pero la puerta se cerró detrás de él. Diose la vuelta y vio una mesa, en la mesa varias botella de colores con varias inscripciones y una llave, de la puerta. Las leyó. Y bebió de la primera, pues era de fresa y empezó a crecer a crecer a crecer. Joer, olvidó coger la llave, de todas formas, era ahora tan grande que no podía caber por la puerta.
Jo, ¡Qué putada!, ¿Cómo saldría de allí ahora si no cabría por la puerta?, y se sintió tan mal que empezó a llorar, a llorar, y al ser tan grande, las lágrimas igual y la sala se empezó a inundar de lágrimas de agua, un charco inmenso, y a su lado pasaban flotando soldaditos de plomo, bailarinas, golondrinas, estatuas de oro de príncipes felices, cascanueces, latas de pepsi max, donuts de neón, toda clase de cosas, vamos. Y recordó que en su bolsillo había metido la otra botellita y se la tomó, era la competencia, una lata de coca cola y entonces empezó a menguar, a decrecer de tamaño, y se fue haciendo pequeña, pequeña, pequeña, tanto que ahora era ella la que estaba en peligro en aquel rio de lágrimas que había creado.
¡Se iba a ahogar en sus propias lágrimas! .
No, si lo que no le pase a esta niña, no le pasa a nadie. Era tan tan chiquitina que ABBA le regaló su canción.
Chiquitita dime por qué
Tu dolor hoy me encadena
En tus ojos hay
Una sombra de gran pena
No quisiera verte así
Aunque quieras disimularlo
Si es que tan triste estás
Para qué quieres callarlo
Chiquitita sabes muy bien
Que las penas vienes y van y desaparecen
Otra vez vas a bailar y serás feliz
Como flores que florecen
Chiquitita no hay que llorar
Las estrellas brillan por ti allá en lo alto
Quiero verte sonreír para compartir
Tu alegría chiquitita
Otra vez quiero compartir
Tu alegría chiquitita
Chiquitita dímelo tú
En mi hombro, aquí llorando
Cuenta conmigo ya
Para así seguir avanzando
Tan segura te conocí
Y ahora tu ala quebrada
Déjamela arreglar
Yo la quiero ver curada
Chiquitita sabes muy bien
Que las penas vienen y van y desaparecen
Otra vez vas a bailar y serás feliz
Como flores que florecen
Chiquitita no hay que llorar
Las estrellas brillan por ti allá en lo alto
Quiero verte sonreír para compartir
Tu alegría chiquitita
Y fue arrastrada hasta la puerta,y allá el río se convirtió en cascada al filtrarse por el ojo de la cerradura y Alicia pepsi allí se vio llevada, cayó por aquella infinita pendiente, más alta que el salto del Angel, que las cataratas del Niágara y ... fue a caer sobre el lomo de Mr. Smoke que volvía a pasar por allí, suavemente sobre su blandito pelo, pero don gato se sacudió el agua con un meneo que a Alicia pepsi le pareció huracán y cayó al suelo sobre su pierna lastimada, Ay, ay, se le empezó a hinchar y precisamente ahora que quería lucir sus piernas poniéndose falda, ella que siempre llevaba pantalones,
¡Qué desastre!.
Y estaba toda ella mojada, y al mirar a su lado vio al soldadito de plomo, a la bailarina, al cascanueces, a la golondrina, y a una gárgola, todos mojados discutiendo como secarse y un Dodo tuvo una idea, harían una circunferencia y correrían a su alrededor, cuando se cansaran pararían, y así lo hicieron, pero vaya espectáculo más divertido, Ali con la pierna morada y dolorida, el soldado y la bailarina con una sola pierna, la golondrina volando, en fin, aquello daba risa, ¡ pero que diablos ¡, se secaron, y el problema fue decidir el ganador así pues el premio quedó desierto.
En esto que apareció Mr. Smoke y le gritó a Alicia.
-Rápido, rápido, ve a casa y trae mis guantes y sombrero.
Pero pepsi lo que quería era un motel de cuatro o cinco habitaciones, no una casa de un gato, pero este parecía tan ansioso que decidió complacerle y allá que fue, entró en la casa de Mr. Smoke, y allá encontró unos pastelitos deliciosos, que decían cómeme, ¡ y eso que no los había hecho ella ¡ que si los hubiera hecho ya no quedaría ninguno , se metió unos cuantos en los bolsillos y comió uno, entonces ...
Creció, creció y creció y se me atascó en la casa, se atoró, peor que una sardina en una lata, ¿Como podrán meterse las sardinas así en las latas?.
Como tardaba en regresar, Mr. Smoke volvió a casa justo cuando Alicia pepsi sacaba un brazo por una ventana, el gato se dio tal susto que cayó sobre los cristales del invernadero y se arañó el rabito, ¡Pobre gatito!, ahorita estaba sabiendo lo que se siente al ser arañado, para que él no volviese a hacerlo (bueno, esto es mentira, que Mr. Smoke no araña, pero sirve para otros gatos y gatas inclusive de dos patas que si lo hacen).
Alicia pepsi, no veía nada desde dentro, sólo oyó ruidos de cristales y voces afuera que hablaban de una trama criminal para deshacerse de ella.
-No - dijo- no lo hagáis, que a pesar del stalux soy muy buena, que le preparé la cena de Navidad a un compi que tenía invitados ya que su mujer no sabía cocinar. No me hagáis daño.
Pero ni caso. Eso no debió impresionarles, ellos seguían urdiendo su descalabro. Y entonces Alicia pensó en sus galletas y se comió una, empezó a decrecer, a menguar y cuando ya podía salir por la puerta, lo hizo y se encontró a multitud de bichos que la gritaban y corrió corrió huyendo de allí. Escapó., pero ...
¡Que susto había pasado!. Su motel lo elegiría de techos altos, sin dudarlo.
Se encontró con un perro, monísimo, pero tan grande como un dinosaurio de Parque Jurásico, y allí no estaba Malcom X para salvarla, ella, que era su película favorita, que la había visto cienes de veces, ahora, wow, estaba anonadada, así que cogió un palo, lo lanzó y el perro se alejó jugando. Uf, se juró que no volvería a ver más veces Jurasic Park.
Y siguió andando y llegó a una seta en la cual había una oruga, con la que platicó un poco, no de plásticos, pues la oruga no usaba tarjeta Visa, pero si de cosas de la vida y al cabo le dijo que si mordía de un lado de la seta crecería, pero si lo hacía del otro menguaría. Ali pepsi, no estaba contenta con sus 7 cm, así que comió de un lado y pasó a 5 cm, así que comió del otro para crecer. Se despidió de la oruga y al salir del bosque vio la casa de la Duquesa tipiti tipitesa, Teresa la Marquesa, tipití tipitona, y entró dentro y la Duquesa de Alba tenía un niño en brazos al que trataba con desprecio lanzándolo al aire, para ver si de esa forma no salía tan feo como la madre y un gato que sonreía, el gato de Cheshire, horrorizada por el maltrato infantil, cogió al niño y escapó con él, pero ... , sorpresa, sorpresa, ¡Sorpresa te da la vida, la vida te da sorpresas! , se convirtió en cerdito, que salió huyendo entre lo intrincado del bosque y allí, el gato de Cheshire, desde un árbol le sonreía.
(Lo que sigue es transcripción literal del cuento pues la conversación con el gatito no tiene desperdicio ninguno.
Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
--Esto depende del sitio al que quieras llegar --dijo el Gato.
--No me importa mucho el sitio... --dijo Alicia.
--Entonces tampoco importa el camino que tomes --dijo el Gato.
--... siempre que llegue a alguna parte --añadió Alicia como explicación.
--¡Oh, siempre llegarás a alguna parte --aseguró el Gato--, si caminas lo suficiente!
A Alicia le pareció que esto no tenía vuelta de hoja, y decidió hacer otra pregunta:
¿Qué clase de gente vive por aquí?
--En esta dirección --dijo el Gato, haciendo un gesto con la pata derecha-- vive un Sombrerero. Y en esta dirección --e hizo un gesto con la otra pata-- vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.
--Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca --protestó Alicia.
--Oh, eso no lo puedes evitar --repuso el Gato--. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
--¿Cómo sabes que yo estoy loca? --preguntó Alicia.
--Tienes que estarlo afirmó el Gato--, o no habrías venido aquí.
Alicia pensó que esto no demostraba nada. Sin embargo, continuó con sus preguntas:
--¿Y cómo sabes que tú estás loco?
--Para empezar -repuso el Gato--, los perros no están locos. ¿De acuerdo?
--Supongo que sí --concedió Alicia.
--Muy bien. Pues en tal caso --siguió su razonamiento el Gato--, ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento, y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco.
--A eso yo le llamo ronronear, no gruñir --dijo Alicia.
--Llámalo como quieras --dijo el Gato--. ¿Vas a jugar hoy al croquet con la Reina?
--Me gustaría mucho --dijo Alicia--, pero por ahora no me han invitado.
--Allí nos volveremos a ver --aseguró el Gato, y se desvaneció.
A Alicia esto no la sorprendió demasiado, tan acostumbrada estaba ya a que sucedieran cosas raras. Estaba todavía mirando hacia el lugar donde el Gato había estado, cuando éste reapareció de golpe.
--A propósito, ¿qué ha pasado con el bebé? --preguntó--. Me olvidaba de preguntarlo.
--Se convirtió en un cerdito --contestó Alicia sin inmutarse, como si el Gato hubiera vuelto de la forma más natural del mundo.
--Ya sabía que acabaría así --dijo el Gato, y desapareció de nuevo.
Alicia esperó un ratito, con la idea de que quizás aparecería una vez más, pero no fue así, y, pasados uno o dos minutos, la niña se puso en marcha hacia la dirección en que le había dicho que vivía la Liebre de Marzo.
miró hacia arriba, y allí estaba el Gato una vez más, sentado en la rama de un árbol.
--¿Dijiste cerdito o cardito? --preguntó el Gato.
--Dije cerdito --contestó Alicia--. ¡Y a ver si dejas de andar apareciendo y desapareciendo tan de golpe! ¡Me da mareo!
--De acuerdo --dijo el Gato.
Y esta vez desapareció despacito, con mucha suavidad, empezando por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, que permaneció un rato allí, cuando el resto del Gato ya había desaparecido.
--¡Vaya! --se dijo Alicia--. He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!
No tardó mucho en llegar a la casa de la Liebre de Marzo.
Allá estaban sentados alrededor de una mesa el sombrerero loco, la Liebre de Marzo y se apoyaban sobre un Lirón que parecía dormitar. Tomaban té. Alicia pepsi les acompañó a la mesa.
-No hay sitio- dijeron.
-Pero si hay un montón, la mesa es muy grande -protestó Ali pepsi-
-Toma un poco de pepsicola regado con vino- le invitaron-
- Pero si no hay rastro de pepsi, bueno, si, yo estoy aquí, pero tampoco veo vino, es una descortesía ofrecer algo que no se tiene.
-También es descortesía sentarse sin haber sido invitada.
-No sabía que la mesa era suya --dijo Alicia--. Está puesta para muchas más de tres personas.
-¿En qué se parece un cuervo a un escritorio? -preguntó el Sombrerero
- Ey, me gustan las adivinanzas.
-Entonces debes decir lo que piensas --siguió la Liebre de Marzo.
-Ya lo hago --se apresuró a replicar Alicia-. O al menos... al menos pienso lo que digo... Viene a ser lo mismo, ¿no?
-¿Lo mismo? ¡De ninguna manera! --dijo el Sombrerero-. ¡En tal caso, sería lo mismo decir «veo lo que como» que «como lo que veo»!
-¡Y sería lo mismo decir --añadió la Liebre de Marzo- «me gusta lo que tengo» que «tengo lo que me gusta»!
-¿Has encontrado la solución a la adivinanza? --preguntó el Sombrerero, dirigiéndose de nuevo a Alicia.
-No. Me doy por vencida. ¿Cuál es la solución?
-No tengo la menor idea -dijeron los dos
Alicia suspiró fastidiada.
-Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo --dijo-- que ir proponiendo adivinanzas sin solución.
-Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo --dijo el Sombrerero--, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!
-No sé de que diantres habla.
--¡Claro que no lo sabes! ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!
--Creo que no --respondió Alicia con cautela--. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.
--¡Ah, eso lo explica todo! --dijo el Sombrerero--. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj. ¡La una y media! ¡Hora de comer!
--Sería estupendo, desde luego --admitió Alicia, pensativa--. Pero entonces todavía no tendría hambre, ¿no le parece?
--Quizá no tuvieras hambre al principio --dijo el Sombrerero--. Pero es que podrías hacer que siguiera siendo la una y media todo el rato que tú quisieras.
--¿Es esto lo que ustedes hacen con el Tiempo? --preguntó Alicia.
El Sombrerero movió la cabeza con pesar.
--¡Yo no! --contestó--. Nos peleamos el pasado marzo.
--¿Ah, si?-- preguntó Alicia interesada.
--Si. Sucedió durante el gran concierto que ofreció la Reina de Corazones, y en el que me tocó cantar a mí.
--¿Y que cantaste?-- preguntó Alicia.
--Bueno --siguió contando su historia el Sombrerero--. Lo cierto es que apenas había terminado yo la primera estrofa, cuando la Reina se puso a gritar:
«¡Vaya forma estúpida de matar el tiempo! ¡Que le corten la cabeza!»
--¡Qué barbaridad! ¡Vaya fiera! --exclamó Alicia.
--Y desde entonces --añadió el Sombrerero con una voz tristísima--, el Tiempo cree que quise matarlo y no quiere hacer nada por mí. Ahora son siempre las seis de la tarde.
Alicia comprendió de repente todo lo que allí ocurría.
--¿Es ésta la razón de que haya tantos servicios de té encima de la mesa? --preguntó.
--Sí, ésta es la razón --dijo el Sombrerero con un suspiro--. Siempre es la hora del té, y no tenemos tiempo de lavar la vajilla entre té y té.
--¿Y lo que hacen es ir dando la vuelta? a la mesa, verdad? --preguntó Alicia.
-Pues si, ha de ser eso.
Y propusieron contar un cuento, le tocó al Lirón el hacerlo ...
--Había una vez tres hermanitas que vivían en el fondo de un pozo y se alimentaban de melaza...
--No pueden haberse alimentado de melaza, sabe --observó Alicia con amabilidad--. Se habrían puesto enfermísimas.
--Y así fue --dijo el Lirón--. Se pusieron de lo más enfermísimas.
--Toma un poco más de té --ofreció solícita la Liebre de Marzo.
--Hasta ahora no he tomado nada --protestó Alicia en tono ofendido--, de modo que no puedo tomar más.
--Quieres decir que no puedes tomar menos --puntualizó el Sombrerero--. Es mucho más fácil tomar más que nada.
--Nadie le pedía su opinión --dijo Alicia.
--¿Quién está haciendo ahora observaciones personales? --preguntó el Sombrerero en tono triunfal.
Alicia no supo qué contestar a esto. Así pues, optó por servirse un poco de té y pan con mantequilla. Y después, se volvió hacia el Lirón y le repitió la misma pregunta: --¿Por qué vivían en el fondo de un pozo?
--Era un pozo de melaza.
--¡No existe tal cosa!
--¡Claro que existe uno! -exclamó el Lirón indignado.
--Quiero una taza limpia --les interrumpió el Sombrerero--. Corrámonos todos un sitio.
Se cambió de silla mientras hablaba, y el Lirón le siguió: la Liebre de Marzo pasó a ocupar el sitio del Lirón, y Alicia ocupó a regañadientes el asiento de la Liebre de Marzo. El Sombrerero era el único que salía ganando con el cambio, y Alicia estaba bastante peor que antes, porque la Liebre de Marzo acababa de derramar la leche dentro de su plato.
--Uno puede sacar agua de un pozo de agua --dijo el Sombrerero--, ¿por qué no va a poder sacar melaza de un pozo de melaza? ¡No seas estúpida!
Esta última grosería era más de lo que Alicia podía soportar: se levantó muy disgustada y se alejó de allí. El Lirón cayó dormido en el acto, y ninguno de los otros dio la menor muestra de haber advertido su marcha, aunque Alicia miró una o dos veces hacia atrás, casi esperando que la llamaran. La última vez que los vio estaban intentando meter al Lirón dentro de la tetera.
--¡Por nada del mundo volveré a poner los pies en ese lugar! --se dijo Alicia, mientras se adentraba en el bosque--. ¡Es la merienda más estúpida a la que he asistido en toda mi vida!
Descubrió que uno de los árboles tenía una puerta en el tronco y entró dentro.
Entonces se puso a mordisquear cuidadosamente la seta (se había guardado un pedazo en el bolsillo), hasta que midió poco más de un palmo Y entonces... entonces estuvo por fin en el maravilloso jardín, entre las flores multicolores y las frescas fuentes.
Hasta acá es literal, pero resumido. Sigamos contando.
Ali pepsi se topó con dos jardineros carta pintando unas rosas -que no eran de color rosa, sino blancas, -de color rojo, ¡Que cosa tan extraña¡, ¿quien querría pintar una flor?. Y en esto que apareció una comitiva de cartas de baraja, aplanadas, de las que sobresalían los brazos y las piernas y los jardineros se tumbaron de bruces contra el suelo.
-La Reina-dijeron- todo el mundo al suelo. Aquí Tejero, piun, piun, piun, y varios disparos sonaron sobre el Congreso, ahora me voy a intentar echar la zancadilla a ese de la primera fila, joer con el tio, está fuerte, ni agarrándole del cuello le tiro al suelo, bueno, venga, va, Alicia pepsi pensó que ella no tenía que obedecer, el suelo estaba sucio, y se mancharía su preciosa falda, ¡Qué le importaba ya a ella su pierna moratada si eran carta y no Bon Jovi¡, y de que servía un desfile si nadie lo veía y se extasiaba de admiración y aplausos a su paso, así pues la comitiva se acercó, cartas de oros, de copas, de bastos, uy, no, que eran inglesas, de tréboles, picas, rombos y corazones, desfilando y al fondo la Reina y el Rey y los invitados, sobre carrozas, wow, la Reina sobre un cojín de terciopelo carmesí, y vió a la niña pepsi y preguntó a su Valet (que era digamos el jefe del protocolo, porque de valet no tenía ni la menor idea, jo, sería diver verle bailar valet, una carta)
-¿Quién es está?
Y el Valet inclinó la cabeza sumiso
- Imbécil.
-¿Quien eres tú y quien son esos que están tumbados? y ... ¡Coño¡, esa rosa es medio blanca y medio roja, ¡Sacrilegio¡, ¡Que le corten la cabeza¡ ¡Que le corten la cabeza! .
Y varios soldados carta se dirigieron a los jardineros, pero la buena de Alicia pepsi los escondió en una maceta y no los encontraron, y ... ey, Mr. Smoke estaba allí, con la comitiva, pepsi se puso de contenta, le cogió en brazos, le acarició, le besó el hocico, ¡Cuanto había echado de menos a su gato lindo¡. Y caminaron juntos hasta llegar al campo de criket donde la Reina había organizado un partido. Los mazos eran cigüeñas, las bolas eran erizos y los arcos eran soldados cartas que se doblaban, jo, era la repera el juego, todos vivos, como un belén viviente. A Alicia pepsi le costó un porrón manejar su cigüeña, pues continuamente le decía que tenía que ir a parís a buscar un niño para entregarlo a una embarazada, así que le ató el pico con una cuerda, más que para que no hablara tanto, ¡Es que rajaba aquella cigüeña más que una verdulera¡, con tanto niño, y los erizos se movían y los arcos igual y los jugadores discutían, de locos de atar, amos, que ni Jugador_S se hubiese atrevido a participar en el juego, con lo estrambótico que era, solo la Reina, al grito de ¡Que le corten la cabeza¡ ¡Qué le corten la cabeza!, era la única para la que todos toditos todos se estaban quietos, ¡Trampa¡ ¡Trampa¡ ¡Tahura de carta¡ ¡Siempre ganaba¡. La cigüeña, cuando Ali pepsi iba a golpear, levantaba la cabeza doblando el cuello y la miraba y veía en sus ojos la Torre Infiel de París y pepsi se echaba a reir, y cuando conseguía tenerla tiesa (eh, que es cigüeña, no cigueño, si hubiese sido cigueño podíais haber pensado en guarradas, só mal pensados, pero era cigüeña, y lo que tenía que tener tiesa era el largo cuello, no lo otro, pues no tenía al ser hembra) el erizo se había desenrollado y habíase largado con viento fresco a otro lado.
Alicia pepsi vio entonces la sonrisa del gato de Cheshire.
-Eh, que alegrón, gatito, me encanta verte, ¡ay¡, te quiero tanto como a Mr.Smoke, bueno, un poquitito menos, pero muy poco, ¿como estás? - pero Ali pepsi pensó que sin orejas, sólo con su sonrisa sería incapaz de oírla, hasta que no aparecieran sus orejas y esperó a que toda la cabeza se dibujase en el aire- sabes, este juego es ridículo, no es justo, los aros se mueven, no hay reglas, los erizos se van, mi cigüeña quiere niños y me ha hecho chantaje, obligándome a traerle una sabana y pañales para el transporte de los bebes desde parís, o sino me dobla el cuello y me hace reír. No puedes imaginar que lío que las cosas estén vivas. Y hacen trampa, siempre apuestan por la Reina y no me gusta nada, es tan exagerada ...
En esto que se acerca la Reina y pepsi la ve con el rabillo del ojo (que pepsi no tiene rabillo, eh, que le pasa como a la cigüeña, ni rabo, ni cola, ni rabillo, ni colita, pero si tiene ojo y dos) y cambia lo que estaba diciendo por ... es tan exageradamente dada a ganar, que todo lo hace tan bien, tan bien, que es la mejor . ¡Que pelota esta pepsi¡ , no, mejor es decir ¡Que erizo esta pepsi!, y total, porque no le fuesen a cortar la cabeza. ¡Cobardica¡.
-¿Con quien hablas? -Preguntó el Rey acercándose a ella-
-Es con un amigo mío, un gatito lindo.
- Pues bésame la mano, gato pato rato rata pata saca saco paca, y no me gusta como me miras.
-Pues va a ser que no.
-Reina, reina, cariño, el gato pato bobo tonto no me ajunta, no me da besitos, es un mal bicho, ¿Qué le hacemos?
-¡Que se la corten¡ ¡Qué se la corten¡ ¡Que este si es gato y por tanto macho, que no es cigüeña ni es hembra cual Alicia pepsi¡, asin que si tiene, que si, ¡Que se la corten¡ ¡Qué primero le capen y luego que se la corten¡ ¡Que le corten la cabeza¡
-Vale pessiosa reina mía, voy por el del hacha, ahorita vuelvo.-
Y Alicia pepsi siguió su juego, su cigüeña estaba intentando emprender el vuelo rumbo a parís, la agarró y quiso seguir jugando, pero los aros carta soldados se habían ido al otro lado del campo y su erizo esta peleando con otro, así que lo dejó por imposible y volvió a hablar con el gato de Cheshiere, pero allá estaban la Reina y el Rey discutiendo como podían cortar la cabeza a alguien que solo era cabeza, y decidieron ir a hablar con su dueña, la Duquesa que tenía el hijito que se convirtió en cerdito, que estaba en la cárcel por haberle dado un sopapo a la Reina, un sopapo no era una sopa de pato. Y así, mientras fueron a buscar a la Duquesa, la sonrisa del gato de Cheshire se fue borrando y desapareció por completo.
-Que contenta estoy de verte- dijo la Duquesa al ver a pepsi, a pesar de que esta hubiera huido de su casa con su hijo-cerdo, ahora estaba muy simpática y pensó que debió ser por la pimienta que había en la cocina de la casa de la Duquesa, la que hizo que esta estuviese por aquel entonces de muy mal humor, incluso gritando al gato, y zape, ale, se lo inventó, Ali pepsi se dijo a si misma, como buena cocina que era:
-el vinagre, como es vino agriado, las hace agrias.
-la manzanilla amarga las hace amargas
-El regaliz y las golosinas las hace ser dulces. Y la tarta de chocolate, hummmmm. -la --pimienta pone a la gente de mal humor.
-la mostaza pica y la cigüeña que tienes de palo de cricket interrumpió la Duquesa- pican, moraleja, Pájaros de igual plumaje hacen buen maridaje. Sé lo que quieres parecer» o, si quieres que lo diga de un modo más simple: «Nunca imagines ser diferente de lo que a los demás pudiera parecer o hubieses parecido ser si les hubiera parecido que no fueses lo que eres».
Y entonces la Duquesa que andaba contando el cuento de Alicia pepsi en el parís de las maravillas se le ocurrió decir :
- Te regalo con gusto todas las cosas que he escrito hasta este momento.
«¡Vaya regalito!», pensó Alicia. «¡Menos mal que no existen regalos de cumpleaños de este tipo!» Pero no se atrevió a escribirlo muy resaltado.
En esto que llegó la Reina de corazones y la duquesa se quedó muda y fue haciendo mutis por el foro, escaqueandose como bien pudo, la Reina venía a buscar a pepsi para continuar el juego de criket, y así fue, pero la reina, al grito de ¡Que le corten la cabeza! Había dejado a sus invitados arrestados y al cuidado de los soldados que hacían de aros y como ya no quedaba ninguno para hacer de aro, el juego acabó y la corazones corta cabezas le propuso a Alicia si le gustaría conocer entonces a la falsa tortuga, a la cual llegaría a través de un Grifo. ¡Vale¡ ¡Si¡ y se despidió de su cigüeña y al encontrar al Grifo, este le dijo.
-Uf, la Reina, ella no le corta la cabeza a nadie, sólo son fantasías suyas. Nunca se ejecuta a nadie, es un juego, vamos, te presentaré a una tortu que se contará su cuento.
Y así llegaron hasta una vieja tortuga, triste, que sollozaba y se dignó a contar su historia:
Y antes no era una Falsa Tortuga, sino verdadera, con un maestro de escuela, el galápago, pues hacía gala de enseñar en una escuela de pago, gala-pago y teníamos de asignaturas el mate mate, que era tomar infusiones, las natus arales, en las cuales formábamos con arados surcos en la tierra, el patín y el esmero, lenguas muertas, la suciología, que consistía en ensuciarnos con barro, la psicocacafonía, acá nos ensuciábamos de , ejem, ejem, la histérica, y bueno, lo mejor eran los bailes de las langostas, eran una sílfides de veleidad tan hermosa, que yo repetía y repetía baile, ay, me agarraba a sus cinturas, las atraía hacia mi, me arrimaba to juntito, y ay, que gustito, en el mar infinito, ¡Mis langostas¡ .
Jo, dijo Ali, me aburre tanta clase, vámonos a ver el juicio del Valet. Y así fue, el Vale fue acusado de robar las tartas de la Reina, que en realidad, las hacía Alicia pepsi, en su horno, y salieron de testigos, el sombrerero, que seguía tomando te, pues el tiempo eran las seis, y la cocinera de la duquesa, que apenas aportaron nada, y el último testigo era, Pepsi, si, si, si, que a propósito, estaba creciendo, creciendo y al levantarse arrastró con el vuelo de su falda el estrado donde estaba el jurado, Mr. Smoke, maulló asustado, pero la buena de pepsi, ayudó a poner a los componentes del jurado de nuevo en su sitio, y la Reina dijo, ¡ Que le corten la cabeza! , según el articulo primero de nuestra constitución las personas que midan más de un kilómetro no pueden ser testigos de un juicio, ¡Que le corten la cabeza¡, y entonces, una carta soldado salió volando hacia ella y luego otra y otra más y empezaron a revolotear en torno suyo y fue entonces cuando Alicia pepsi despertó al sentir las hojas del árbol debajo del cual se había quedado dormida, acariciándole la cara. Vaya sueño más extraño.
Y en aquel mismo instante, vio a Mr. Smoke, maullando, haciéndose el interesante y ronroneando entre sus piernas, que lucían muy bonitas.
Y sé muy feliz hasta el próximo 2006.
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